Las pantallas de televisión, medios impresos, internet, radio y el voz a voz se desplegó enfáticamente al ataque terrorista perpetuado en París en las últimas horas por el Estado Islámico otra vez…
Y no es de menos, el poder que
alberga este grupo terrorista imparte a cualquier ciudadano del común y no tan
común un miedo tormentoso que impone una reflexión crítica acerca de los hechos
no solo cometidos en Francia despertando odios a una cultura que por unos
cuantos fanáticos están pagando las consecuencias con declaraciones de guerras,
invasiones en sus territorios, tensas calmas, discriminación por el mundo
entero y no es para más, pues el agudizar y tergiversar hasta la más pequeña
frase del Corán, tiene al Medio Oriente en Jaque ante el planeta que ya está despertando
y bostezando caliente augurando un nuevo conflicto mundial.
Mientras veo, escucho y analizo
con un poco de calma esta situación se me viene a mi mente mi Colombia, pero no
al territorio sino a sus pobladores, a cada uno de nosotros que hemos crecido
en medio de un conflicto eterno, lleno de odios, injusticias, muertes, atraso…
Pero quién en el mundo ha puesto su foto de perfil con el avatar de nuestra bandera
tricolor, será que es porque lo que vendemos es lo mismo que nos avergüenza y seguimos tan
campantes y resonantes pensando que el mundo está a nuestros pies y que el narcotráfico, la trata de blancas,
las guerrillas, la corrupción, los avivatos, los peliones y maleducados y sin
olvidar nuestra representación “ladronsistica” en el mercado mundial es de otro
país llamado Colombia, pero de otra galaxia y de otro universo o al menos de
otra parte lejos del país más alegre del mundo que baila el ras tas tas y toma
aguardiente “ventiao” . Nuestra sociedad está abarrotada de miles y miles de historias
peores que las ocurridas en Francia sin llegar a desmeritar este magnicidio,
pero me pregunto: ¿esos colombianos que sienten el dolor de los parisinos, también
sienten el dolor de sus hermanos colombianos asesinados en selvas,
corregimientos, veredas, departamentos, ciudades y pueblos? ¿O es que las
nacionalidades tienen más peso dependiendo del país y su representación global?
¿O tal vez mientras el colombiano esté bien y el conflicto no altere sus
sentidos, el país es su camino del trabajo a la casa y los lugares de
diversión?
Ante todo guardo un gran respeto
con aquellos muertos en Francia, pero soy consciente que mientras ellos libran
sus peleas y celebran actos en conmemoración a sus seres queridos, nosotros
como colombianos tenemos la misma responsabilidad de honrar a nuestros muertos
así no hayamos sentido el dolor de la guerra en nuestras familias o amistades,
es nuestro tiempo de cambio, un tiempo que debe ser respetado por todos
marcando compromisos convincentes sobre el verdadero papel de la terminación de
nuestro conflicto que ha dejado millones de colombianos enterrados en la tierra
que debió utilizarse para cosechar alimento, para cosechar vida, progreso, no
para tapar crímenes, delitos y masacres por intereses privados a los cuales al
colombiano de a pie nunca le guardaron ni siquiera la ración para solventar el
hambre de su generación.
Sea colombiano, cómase ese
cuento, pero cómaselo bien comido, cada país necesita de su gente para
evolucionar, sí Francia puede captar la atención del mundo por qué Colombia con
su historial y con sus ganas de cambio no se hace notar y de verdad cambia.
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