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LA CULTURA DEL FALSO POSITIVO


Portal Pulzo.com
Desde que el Presidente Santos invitó al país a reunirse plenamente para poder lograr un acercamiento con la Guerrilla y que de ahí se desenvolviera lo que en este momento es su carta política más arriesgada, como lo es el proceso de paz, el cual atraviesa por uno de los momentos más álgidos por la arremetida de atentados perpetuados en varios municipios y regiones del país y posteriormente por las declaraciones de un nuevo desescalamiento del conflicto, no se había vuelto a nombrar la tan conocida y temida frase del falso positivo. Tal vez por un afán de enumerar resultados a la reciente agudización de la violencia, se legitimó acusar a ciudadanos que hacen parte de movimientos sociales, muchos de ellos defensores de derechos humanos y gestores de cambio, quienes se vieron involucrados en los actos de terrorismo cometidos recientemente en la ciudad de Bogotá.

Nuevamente la cultura del falso positivo salió a flote, manchando el buen nombre de la mayoría de jóvenes detenidos al ser acusados de pertenecer a células urbanas del ELN. Lo curioso del caso es que estos muchachos, que en su mayoría no pasan de los 26 años, pertenecen al movimiento social y político Unión Patriótica y adelantan estudios en universidades públicas como la Nacional y la Pedagógica, otros son defensores de derechos humanos o periodistas en el cubrimiento de agenda en temas de conflicto y paz. Coincidencia?...
Fotografía Noticias Caracol

 Este caso sería un duro golpe a la legitimidad de la narrativa del actual Gobierno, sí estos jóvenes llegan a ser exonerados de sus acusaciones, pues por una afán de mostrar resultados, se volvió a caer en el error de estigmatizar al movimiento social y perseguirlo sin ninguna medida.

Es curioso percibir que las pruebas tajantes que revela la Fiscalía para culpar al grupo de falsos positivos judiciales, son pintorescas y sí se puede decir, un poco artificiales; acusarlos  por libros, links en las redes sociales y vídeos que no dicen nada, pero que por una cuestión de honor y ego, podrán ser utilizadas en contra de estos jóvenes al menos para judicializarlos ante la ley.

Este hecho dejó evidenciar lo frágil que está la seguridad del país, donde no se sabe quién ataca y por qué, y ante esta anomalía de dirección, como siempre, van a caer los que menos tienen que ver en el asunto, que por ideologías y por empoderamiento de ideas paralelas de cambio, son acusados de terroristas y simpatizantes de movimientos políticos ya extinguidos, pareciese que el país retrocediera en su evolución democrática y volviera a postrarse en el estatuto de seguridad del Gobierno de Turbay Ayala.
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Por si fuera poco, el protagonismo que quisieron darse marionetas del sistema como Rodrigo Pardo y Francisco Santos, al presentarse minutos después de las explosiones, es un acto tan de baja estirpe que deja pensar en que grado los enemigos de la paz pueden ser responsables en estos hechos que atemorizaron a la ciudad capital.


El proceso sigue y sí hay culpables que paguen pero que sea por pruebas contundentes, porque no se puede jugar al gato y al ratón en una sociedad que le inquieta su seguridad pero que a la vez le impiden pensar de forma diferente. Renuentes al cambio o no, el Gobierno de Santos seguirá sentado en la mesa de negociación, con cuatro meses para revisar el cumplimiento del nuevo cese unilateral de las FARC, pero no hay que olvidar que la  paz no se va a lograr solo con el hecho de cubrir todos los puntos acordados, una paz se fomenta desde adentro, desde el cambio de mentalidad, la tolerancia y la plena garantía del respeto a los derechos humanos para así lograr eliminar la frase del falso positivo de nuestro léxico deteriorado por tanta guerra, volver a ser persona, ciudadano y no un simple número para llenar unas estadísticas.   

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